Mendoza y Nación, tras las apariencias, sordos ruidos oír se dejan

Tanto el peronismo como el radicalismo tienen problemas internos que no se están pudiendo resolver. Asimismo, hay pretendidas intermediaciones con la Nación de parte de justicialistas locales, que no caen bien.

Tras los muros, sordos ruidos,
oír se dejan de corceles y de acero.

Marcha de San Lorenzo

Hasta ahora se han cuidado las apariencias y no hay disputas públicas. Pero puertas adentro del oficialismo nacional como el de Mendoza hay ruido. En el peronismo no hay conformidad plena con las decisiones que incumben a las provincias, sobre todo en los nombramientos del gabinete, áreas de relevancia real y se dispara con silenciador en una gran discusión en torno a las múltiples delegaciones de organismos nacionales en provincias y municipios.

Al mismo tiempo, hay una intención de "devolución de favores" hacia el radicalismo de Mendoza, a quien se acusa de haber dividido al peronismo para ganarle y, por lo tanto, desde el único liderazgo que se ve en esa fuerza (ya sea porque lo ostenta y es reconocido tácitamente, o porque todos los demás dieron un paso hacia atrás) Anabel Fernández Sagasti corre a anticiparse a la llegada de los funcionarios mendocinos para establecerse como "el puente" de Mendoza con "su" gobierno.

En algunos casos llegó antes y se exhibió activa. Algunos medios que negocian con el gobierno nacional mucho más que primicias informativas hasta intentaron ridiculizar al Gobernador por reunirse después que ella con algún ministro. 

En otros, Fernández Sagasti no lo ha conseguido, a pesar de su hiperactividad veraniega. Es más: en la Casa de Gobierno mendocina se sostiene que hasta está intentando frustrar algunos encuentros. Por eso celebran la reunión de la Coviar con el ministro Matías Kulfas, de Desarrollo Productivo, como un triunfo. Estuvo presente el titular de Economía de Mendoza, Enrique Vaquié y pudieron hablar sin que mediara la senadora-puente como intermediaria ni como obstaculizadora. 

Según los radicales, lo que el peronismo busca es que Rodolfo Suarez se diferencie de Alfredo Cornejo y termine por admitir lo que ellos quieren que admita: "un sobreendeudamiento de Mendoza" y "condiciones presupuestarias paupérrimas".

Suarez, por su parte, ha sostenido su sonrisa en forma incólume cada vez que se ha fotografiado con algún funcionario nacional. Desde la Casa Rosada, además, es sistemática la transmisión de una sencilla pero suficiente señal de satisfacción y buena onda a la hora de recibirlo. Hasta mate le cebó el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

Los que guardan la expresión para mejores momentos son sus ministros, que se chocan de frente con la realidad cuando llegan a Buenos Aires y son interrogados, entretenidos o bien, postergados "para cuando aclare" y tengan ellos también un panorama de las continuidades o interrupciones en programas con los que se ha tenido relación durante la gestión paralela de Mauricio Macri y Cornejo.

En el radicalismo la situación interna nacional no es mejor, aunque en Mendoza el liderazgo lo sigue ejerciendo Cornejo, que respalda, reconoce y acompaña a Suarez en su difícil comienzo, pero que a escala país le toca lidiar con un partido librepensador, que lo votó para presidente pero que, por ejemplo, tiene a Ricardo Alfonsín cual "huevo que pide sal", como cuando le reclamaba cargos a Macri, ahora exagera su admiración por Alberto Fernández. O Federico Storani, otrora líder inclusive de Cornejo en la juventud, pero que se quedó en las posiciones formales progres y ajeno a cualquier posibilidad de gestión real, tras haber sido ministro del Interior de Fernando de la Rúa.

Pero el peor caso que debió sufrir el exgobernador de Mendoza fue la escisión egocéntrica del gobernador jujeño, Gerardo Morales, que se cortó solo y se fue a ofrecer a la Casa Rosada. Claro, el precio le hubiera costado el respaldo de los ciudadanos de su provincia cuando le reclamaron que "le aflojara con Milagro Sala", su valor añadido que le permitió permanecer en la consideración pública, a pesar del contrapeso del macrismo. Por supuesto, volvió con la cola entre las piernas.

Por eso cada reunión, cada gesto, cada mensaje es analizado con minucia y tomado con pinzas por todos. "El aire puede cortarse con una gillette, pero en todos los partidos", graficó un dirigente peronista con lenguaje anticuado a la hora de las metáforas, pero que se entiende que quiso decir que "está espeso".

Nadie tiene el presente y futuro asegurado y la tarea, en un año difícil en lo económico y previo a otras elecciones, las legislativas de 2021, promete ser duro y plagado de sorpresas.


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