Espumante Guaymallén D.O.: respuesta a los críticos

El historiador Pablo Lacoste publicó en su perfil de Facebook una justificación histórica a la propuesta de la que dio cuenta Memo y que recibió apoyos y críticas.

Pablo Lacoste

¿Se puede poner este nombre para representar los espumantes hechos en Mendoza? ¿Qué representaría este nombre? ¿Cual es el legado de dejó el cacique Guaymallén? 

Algunos observadores han mirado con desprecio esta propuesta. La han tildado de "ridícula". En Buenos Aires. 

Pues bien, llevo varios días reflexionando sobre esto. He revisitado la obra de los grandes: Arturo Roig, Ricardo Ponte, Roberto Bárcena, Estela Premat y muchos arqueólogos e historiadores.... Y debo admitir que estoy rendido a los pies del legendario cacique.

¿Saben lo que significa Guaymallén? Cultura del agua, del riego y del agro. En la Edad Media, mientras en Europa levantaban un patrimonio de castillos feudales y catedrales góticas para celebrar el poder, el cacique Guaymallén, con sus amigos Huarpes e Incas, levantaba otro patrimonio: la red de riego de Mendoza, con su complejo sistema de canales, hijuelas y acequias. Ello permitió que vivieran 20.000 huarpes junto a estas redes de regadío, en un territorio árido y no apto, naturalmente, para el agro. 

Ellos fundaron la primera ciudad de la actual Argentina, con estos canales de riego -y la ayuda de los ingenieros hidráulicos incas. Allí floreció la ciudad agrícola por excelencia de la Argentina criolla, según reconoció después Sarmiento en el "Facundo" y los viajeros ingleses. Los españoles trajeron las plantas de vid; pero el cacique Guaymallén y sus amigos pusieron lo más difícil: cultura del agua, riego y agro. Por eso, allí floreció la mayor vitivinicultura de América Latina (140.000 hectáreas de viñas cultiva Mendoza; más que todo Chile junto). 

En honor a este cacique, las tierras donde los huarpes e incas se instalaron, se denominó Departamento de Guaymallén en 1858. Y allí se instaló la bodega Santa Ana (1890), donde se elaboró el primer espumante de Argentina (1902), que ha mantenido en su continuidad hasta hoy. Desde esa base, que se comenzó a construir hace 4000 años, se levantó el Espumante de Argentina. 

Ponerle el nombre de Guaymallén sería una opción gigantesca. Guaymallén, los Huarpes y los Incas, son mucho más que un mero espumante. Pero bueno, esto sería también una forma de reconocer y visibilizar el legado, el patrimonio ancestral creado por estos valerosos pueblos, que tenemos escondidos y olvidados. 

El problema es nuestro, por nuestra ignorancia. Si le ponemos este nombre, ganamos todos, porque nos vamos a re-conectar con nuestros ancestros, con los pueblos que construyeron nuestra sociedad. Sin los Huarpes y los Incas, Mendoza no hubiera sido un oasis verde, con cultura del agua, del riego y del agro, para florecer después, con la pasión de los viticultores. 

Ponerle el nombre de Guaymallén será una forma didáctica de contar este historia. Y de sentirnos orgullosos de nuestra identidad latinoamericana.

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